La experiencia de amor perfecto

Dedicado a Helen, Bill y Gonzalo.

Para empezar este nuevo capítulo de mi blog voy a copiar una versión propia de un par de páginas de la traducción de la autobiografía de Helen Schucman, que es una de las escribas de Un Curso de Milagros (en adelante UCDM). Me refiero a las páginas 25 y 26. La traducción completa se puede encontrar en la web de Gonzalo García www.bibliotecaespiritual.com.

“Una fría tarde de 1938 mi esposo y yo fuimos a visitar a unos amigos que vivían a cierta distancia. Yo odiaba el transporte público y lo evitaba siempre que era posible. Fui una cliente fija de taxis durante años antes de casarme. Lo hacía en secreto porque mi padre desaprobaba enérgicamente su uso, excepto para emergencias. Así que, cuando volvía a casa, generalmente me bajaba una manzana antes. Ahora ya no veía la necesidad de tal precaución. Quería tomar uno esa noche, sobre todo porque empezaba a nevar. Mi esposo comentó, para mi gran disgusto, que el trayecto era largo, que la tarifa del taxi subiría mucho y que el metro, sin embargo, estaba solo a una manzana de casa. Sin expresar abiertamente mis objeciones, marché airadamente decidida a sufrir. Cuando llegamos a la plataforma de la vía, un tren se estaba alejando y el siguiente tardaría 20 minutos en llegar. Me enfurecí más a medida que pasaban los minutos. Cuando finalmente apareció, venía lleno y tuvimos que permanecer de pie durante bastante rato antes de sentarnos sobre un radiador muy caliente. En cada estación, un vendaval helado soplaba mientras las puertas permanecían abiertas.

Estaba cada vez más convencida de que sufriría una neumonía, probablemente en ambos pulmones. Como un peligro adicional, comprobaba como la gente estaba tosiendo y estornudando a nuestro alrededor y casi podía ver los gérmenes atacándonos. Llegué a creer, incluso, que la falta de consideración de mi marido tendría un desenlace fatal. Verle absorto en la lectura de su periódico no me ayudaba nada. Además de ser peligrosa, la situación me pareció completamente repugnante. El vagón olía a ajo y cacahuetes, y la gente parecía sucia y miserable. Al otro lado del pasillo un niño con las manos manchadas de chocolate le dio una palmadita en la cara a su madre, dejándole sus huellas.  Junto a ella, otra madre se limpiaba el abrigo donde su bebé había vomitado. Un chico recogió un chicle del suelo y se lo metió a la boca, y un grupo de ancianos discutían acaloradamente. Cerré los ojos con asco, sintiéndome mal del estómago.

Entonces, ocurrió algo impresionante. Una luz cegadora detrás de mis ojos iluminó mi mente por completo. Sin abrir los ojos, vi mi propia figura caminando hacia esa luz. Parecía que yo sabía exactamente lo que estaba haciendo. De hecho, la situación me parecía completamente familiar. La figura se arrodilló y tocó el suelo con los brazos y la frente en una postura oriental que parecía de profunda reverencia. Entonces, se levantó, caminó hacia un lado y se arrodilló de nuevo. Esta vez, apoyaba su cabeza en otra gran figura y sentía que su brazo la rodeaba. Luego desapareció. La luz se tornó más brillante y experimenté un amor indescriptible fluyendo desde ella hacia mí. Era tan potente que, literalmente, me quedé sin aliento y tuve que abrir los ojos. Vi la luz un instante más durante el cual sentí ese mismo inmenso amor hacia toda la gente del vagón. La luz se desvaneció, y la percepción de fealdad y miseria volvió.

Me llevó varios minutos recuperar una apariencia de serenidad. Entonces, busqué la mano consoladora de mi marido. Con voz temblorosa le expliqué que había visto una luz en mi mente de la cual salían rayos de amor y cuando abrí los ojos amaba a todos a mi alrededor. Todo eso se ha desvanecido ahora y no entiendo qué ha pasado. Mi esposo, ávido lector de todo tipo de temas, me dio unas palmaditas en la espalda y me dijo: “no te preocupes, eso es una experiencia mística muy común. No lo pienses más”. Intenté seguir su consejo y lo conseguí en parte. El episodio no encajaba en mi mentalidad, que no se vio afectada por ello durante mucho tiempo. Sin embargo, su memoria quedo guardada en un rincón de mi mente hasta que, años después, me ocurriera algo similar”.

Tras la lectura de esta parte mi conclusión es que la experiencia de amor incondicional fue inducida desde “afuera” por Jesús como parte de un plan de preparación interna de la futura escriba. El propósito de este tipo de estados alterados es que haya una prueba fehaciente de que la manera de percibir correctamente “la realidad” puede ser diametralmente opuesta a la percepción habitual del mundo. No se suelen recibir por arte de la “magia” de una voluntad ajena a la del sujeto agraciado con tal presente, sino que es un objetivo alcanzable tras el esfuerzo personal de trascender las creencias falsas. El hecho de que, en alguna ocasión inesperada, pueda sobrevenirles a los auténticos aspirantes espirituales es parte de la guía que ofrecen los Hermanos Mayores para provocar una expansión del marco de referencia vital y reorientar las labores propias de quien se quiere conocer a sí mismo. Sin estos faros es extremadamente improbable encontrar un puerto seguro en el que fondear.

Este mismo tipo de choque entre dos maneras de interpretar el escenario cotidiano se produce durante la fase de apertura a una nueva etapa evolutiva dentro de la innumerable cadena de ciclos que constituyen el desarrollo de la conciencia. Los ciclos son muchos, simultáneos y de diversa importancia y profundidad. Estas “experiencias cumbre” (1) se viven como un salto cuántico a través de una crisis existencial. Tienen la finalidad de contrastar entre las diferentes opciones y apreciar los efectos tan distintos entre ellas con la suficiente certidumbre como para consolidar la nueva posición en el sendero interior y reajustar el rumbo. Estos vislumbres suelen conllevar cambios en la personalidad y en todo tipo de circunstancias referentes al estilo de vida. Para entender con facilidad este fenómeno usamos la imagen gráfica de un explorador que anduviera por un territorio desconocido rodeado de montes y decidiera subirse al pico más alto para, desde esa perspectiva amplificada, calcular dónde está y planear su marcha hacia el destino elegido.

La reflexión que me surge es que, si por un momento fuésemos capaces de prescindir de todos los filtros mentales que hemos construido para fabricar nuestro yo, el sentimiento resultante sería como el de Helen. Este yo fabricado ha tenido su utilidad. Sin embargo, después de años de recibir la influencia implacable de la cultura circundante, está habitualmente repleto de juicios acerca de cómo debería ser el mundo ideal y también de pruebas que parecen demostrar que todo lo que acontece incumple, o incluso perjudica en alguna medida, los deseos y las necesidades propias de los niveles inferiores de la conciencia de ese yo perceptor, de esa persona. Así, el mundo se percibe como un enemigo permanente y lo más cuerdo parece ser localizar todo aquello que podría dañar sus intereses, controlar el riesgo de amenaza, implementar medidas y acuerdos que garanticen su salvaguarda y, a ser posible, conseguir abusar de los demás y que parezca que lo hace por el bien ajeno. Esto me suena a política internacional imperialista.

Las resistencias mentales para abrirse a una vibración más elevada como consecuencia de la entrada de información que contradiga la visión del mundo básica de la personalidad habitual son tan fuertes que pueden afectar al sistema nervioso, tanto al autónomo como al volitivo. Sospecho que, debido a este desajuste tan enorme entre el aparato receptor y la señal que estaba recibiendo, Helen, durante la primera temporada en la que dictaba a Bill las notas taquigráficas, padeció de trastornos de su aparato vocal que nunca antes había sufrido, tales como tartamudez y pérdida de voz. Esto también ocurre en menor escala entre los estudiantes de UCDM que leen alguna de sus secciones durante el transcurso de las sesiones regulares en los grupos de estudio y práctica. En el caso del otro escriba, Bill, su resistencia se manifestaba al introducir errores tipográficos cambiando alguna letra, que conseguían que una palabra pareciera la contraria. Por ejemplo, “Salvación” la convertía en “esclavitud” y “hermano” en “molestia”.

Al igual que hay “ascensiones” a estratos superiores, también juegan un papel muy interesante las “inmersiones” en los oscuros subterráneos del inconsciente. Si la bajada al “infierno” es previa al momento de paz interior, la distancia favorece que el contraste sea mayor y que la integración de contenidos que antes permanecían en niveles separados se produzca de forma generalizada. Estos compartimentos semi-aislados del resto contienen roles sociales, vidas pasadas y sistemas de creencias que se contradicen entre sí o excluyen una parte de las dimensiones de la conciencia. Un ejemplo es como la medicina convencional trata los síntomas físicos y las emociones como si no se tocaran. El objetivo de esos contrastes es poner orden en el programa interno y conseguir una coherencia cuyo reflejo externo sea la fe en que todo lo que sucede en el mundo fenoménico, es decir, todas las circunstancias que, por ejemplo, Helen narra en el episodio del metro, obedecen a un plan y a un propósito común a todos los implicados.

Ella lo expresa así en la página 47 de su autobiografía: “Algunas veces después sentí algo parecido a la experiencia del metro de años atrás, aunque con mucha menos intensidad. Estos sucesos se producían generalmente entre una multitud de personas. Sentía una breve pero poderosa afinidad con ellos. Una tarde de verano, por ejemplo, mi esposo y yo caminábamos por un paseo marítimo lleno de gente y una profunda sensación de cercanía emocional con todos los presentes me invadió, junto con un cierto reconocimiento de que todos íbamos en el mismo camino hacia una meta común”. Ese destino es nuestro despertar a la auténtica realidad y al Amor que ya somos. La ruta que seguimos va constantemente reajustándose y en todo momento se dirige directamente a ese feliz desenlace, pero nadie lo creemos. La mayoría ni siquiera piensa en la posibilidad de una meta común y, por supuesto, nadie que use parámetros lógicos de comprensión se plantea la posibilidad de que todo lo que ocurre sea parte de ese plan perfecto.

¡Cómo alguien en su sano juicio va ni siquiera a imaginarse, en su momento de mayor inspiración, que el hecho de que, por ejemplo, miles de niños mueran cada día por falta de las condiciones mínimas de subsistencia pueda formar parte de una película en la que cada detalle está pensado para ayudar simultáneamente a cada ser aparentemente separado a descubrir su naturaleza divina y su condición de unicidad! ¡Y cómo puede ser que haya una inteligencia capaz de planear algo así y ejecutarlo a la perfección, instante a instante, englobando a un universo entero!, el 99´99 % de la población pensaría que es de locos. Esta tesis que pretende, al igual que muchas otras, encontrar una teoría unificada de lo micro y lo macro que reconcilie a la ciencia con la espiritualidad, es evolucionista, teleológica y multidimensional. Todos los impulsos humanos y sus comportamientos potenciales, aquellos que luchan entre sí y se enfrentan a los deseos contrapuestos de los otros humanos implicados en cada escena cotidiana… están incluidos.

¿Qué es lo que hace que el sentimiento de enamoramiento romántico sea uno de los más importantes ídolos culturales? Durante esa etapa de ebullición energética, caracterizada por el erotismo y la afectividad, sentimos que hemos encontrado a la persona perfecta para compartir el resto de nuestra vida y que juntos formamos un equipo con el propósito común de amarnos mutuamente. Todo lo que hace el otro nos parece valioso por el simple hecho de ser una característica de su forma especial de ser. Lo que sintió Helen en el metro fue esto mismo. El enamoramiento es una experiencia cumbre que nos demuestra que podemos ver la vida de color de rosa y sentir la vitalidad propia de un niño. Es un renacimiento basado en una decisión y en la capacidad humana para focalizar su poder de establecer vínculos en un único objeto. Si pusiéramos nuestra confianza en que, no solo esa persona en concreto, sino toda la humanidad comparte en su fuero interno ese sentimiento, ese propósito y ese placer por la diversidad, todo cambiaría.

Cuando una potente vibración/información entra en un sistema que funciona en un nivel mucho más bajo de frecuencia, el sistema, por su propio instinto de auto-conservación, genera filtros que amortigüen el impacto. Ocurre con todos los visionarios de la historia de la humanidad cuyos principios son reflejados, por ejemplo, en los estatutos constitucionales de los estados nacionales como el español o el de los Estados Unidos de América. La aplicación de estos vislumbres de la verdad distorsiona tanto su origen que el resultado es misérrimo comparado con el potencial de su idealismo inicial. En las relaciones personales donde surge el enamoramiento romántico estos bloqueadores son también enormes. Los contratos matrimoniales y la exclusividad sexual son parte de los muros de contención que limitan el riesgo de muerte de una personalidad adaptada a las exigencias del mundo. Se disfrazan para disimular el miedo que esconden, se idolatran para asegurar que su propósito fundamental no sea descubierto.

El gigantesco caudal energético espiritual necesita de unas vías de entrada muy anchas y libres de obstáculos para que su flujo nutra a todos los territorios circundantes a su cargo, a cada organismo humano. Si el canal no es suficientemente amplio o hay demasiada fricción con los programas instalados en sus dimensiones mental, emocional y física, es temporalmente conveniente establecer diques que eviten que el remedio sea peor que la enfermedad. De hecho, es lo que está ocurriendo en todos nosotros sin que sea reconocido. La labor consiste en visibilizarlos y no reaccionar contra ellos mediante un esfuerzo por desequilibrar la balanza hacia el otro extremo. El amor libre de la revolución hippie fue un maravilloso intento que, en parte, fue en esa dirección. Una psicología integral transmoral pondría al servicio del plan global a los instintos básicos, incluido el sexual. Sin impedimentos para la seducción y la líbido, el resultado final no sería una orgía agotadora sino la trascendencia de la necesidad de sexo y el uso espiritual de su energía terrestre.

Este proceso de purificación daría como resultado que no eligiéramos a nuestras parejas tanto por una necesidad mundana como por una conexión espiritual, y esto, paradojicamente, conseguiría que se establecieran relaciones duraderas de alta calidad sin el inconveniente de las etiquetas sociales. Volviendo a la anécdota de Helen del principio, tenemos solo dos opciones con respecto a este hipotético plan de salvación del que habla UCDM, plan que, según dice él mismo, ya fue diseñado y realizado. La imagen gráfica para ilustrarlo sería la del niño que va tomado de la mano de su madre. Puede elegir caminar a regañadientes e incluso pegarla para llevar las riendas, o puede disfrutar del paseo como haría un perro bien adiestrado. Esta última estrategia no atenta contra el libre albedrío, sino que, muy al contrario, lo potencia al máximo. La mansedumbre es propia de aquellos que saben de su poder de creación y aceptan que todo el plan, tal cual discurre en cada instante, es fruto de su participación.

Somos todos a la vez quienes fabricamos este mundo guiados por nuestro propio Ser, que, milagrosamente, incluye todas nuestras intenciones egoicas como parte de Su plan. Esto me permite aterrizar por fin, estoy en mi hogar porque soy su autor. Mientras no aprendamos esto, nos seguiremos dedicando a cuidar en exceso de nuestro domicilio, sea este un chalet o una furgoneta. Lo hacemos porque la sociedad nos confiere el derecho de ejercer la autoridad en su interior y sabemos que seremos los beneficiados directos junto con el resto de los miembros de la unidad familiar. Ampliar el radio de acción de ese derecho hasta abarcar a todo el planeta es parte del plan. Los equipos de trabajo más eficaces son aquellos que comparten un solo propósito común, se entregan a él en cuerpo y alma confiando en que el resto también lo hará y no se inmiscuyen en la parcela del proyecto que no les corresponde. Además, es una cuestión de vida o muerte, tu vitalidad depende de ello. Solo quien ama como hizo Helen se siente realmente vivo.

Ulises Libre en Alcossebre a 03 de diciembre de 2017.

(1) Abraham Maslow.

 

 

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