UN CURSO SURFISTA DE MILAGROS

El surf es un deporte acuático individual que se practica en playas con mucho oleaje. Consiste en nadar a favor de la corriente subido en una tabla y esperar el momento para erguirse, crestear una gran ola y, por último, atravesar el túnel que forma al ir a romper contra la orilla. Metafóricamente hablando, “nadar a favor de la corriente” significa utilizar correctamente a los cuerpos físico, emocional y mental para interpretar las señales con las que Dios, a través de los hechos cotidianos de la vida, nos provee para orientarnos en el cumplimiento de nuestra parte en el plan de salvación del mundo. “Crestear una gran ola”, a su vez, significa la práctica correcta de la presencia con plena disposición para la transformación versátil de la personalidad interior y del comportamiento exterior de acuerdo con ese plan. “Atravesar el túnel” significa conectar con el miedo que aparece al profundizar en el inconsciente.

Una vez recorridas estas tres fases, el practicante del camino de evolución de la conciencia, al igual que el surfista, dispondrá de un tiempo de reflexión, integración y recuperación antes de repetir el procedimiento cíclico que le llevará de nuevo a una siguiente oportunidad de confrontación con su destino. Esta mezcla de motivaciones le dará más experiencia para testarse y aprender a fundirse con ese escenario y con todo lo que el campo de su consciencia le ofrece para identificarse.

Identificarse es un requisito imprescindible para trascender el ámbito donde se produce el acto de la identificación y, como consecuencia natural, abrirse a un paisaje conciencial más profundo y abarcante. Esta es la base estructural de uno de los conceptos primordiales en los que se apoya la psicología evolutiva para describir el funcionamiento de la psique humana. La dualidad de la evolución se fusiona con la no-dualidad de la cresta.

“La no-dualidad de la cresta” significa que el sentimiento del surfista que ama todo lo que engloba su práctica va más allá del logro de superar los retos del desarrollo paulatino y perseverante de las habilidades propias de su deporte hasta llegar al momento culminante de estar cresteando la ola durante unos segundos. Ese modo de sentir, con el corazón palpitante de vitalidad, implica dar un salto cuántico espacio-temporal que le catapulte al mundo real, al amor real, a una identidad holográfica que conecta a la plenitud con el vacío, a la tierra con el cielo estableciendo un puente a través del cual se unen ambos aspectos.

Y así, las percepciones, relativizadas por los aparentes opuestos, se vuelven milagrosamente absolutas, y los conocimientos, absolutizados por las verdades universales, se vuelven mágicamente relativos. En este punto, crestear o no crestear deja de ser la cuestión. Es más, realmente nunca lo fue.

Volviendo al uso correcto del cuerpo emocional, el libro Un Curso de Amor, cuyo autor es el mismo que dicto a Helen Un Curso de Milagros (UCDM), dice así en su capítulo 1: “Todos los sentimientos son generados por el corazón…/… el corazón del cuerpo (emocional) (1) es el altar en el que se depositan todas tus ofrendas a Dios. Todas las ofrendas son amor o falta de amor. La falta de amor no es nada, así, todas las ofrendas realizadas desde un lugar distinto del amor no son nada. Todas las ofrendas realizadas desde un lugar de miedo o de culpa no son nada”.

Enlazando este pasaje con la tesis explicada en mi artículo “Gestión Emocional Transpersonal” y en otros posteriores, mis conclusiones sobre el papel del chakra del corazón en el proceso de sanación de la mente se ven confirmadas y ampliadas. Aprender el funcionamiento de los chakras es fundamental para una correcta práctica de Un Curso de Milagros.

Cuando UCDM explica la manera de entregar los errores de percepción al Espíritu Santo se refiere a cómo gestionamos nuestras emociones de manera que lleguen a ser ofrecidas a Dios en el altar del chakra del corazón. Llegan tanto las positivas como las negativas, las que son amor como las que representan su falta. Si la ofrenda se hace por miedo a la emoción negativa que proviene de los chakras inferiores entonces no surte efecto y, en cambio, se ven reforzadas tanto la emoción como sus consecuencias en el nivel físico. Cuando amas la emoción negativa, cuando la das espacio en tu corazón para sentirla sin condiciones ni expectativas, el milagro de la transmutación se hace posible gracias a que la emoción se mantiene el tiempo necesario y adquiere la intensidad que se necesita en cada caso para que, a través de una meditación o de un hecho de la vida cotidiana, el Espíritu Santo responda con la guía correspondiente.

Respecto a la práctica de las relaciones especiales, es decir, de cómo nos comunicamos en el día a día con las personas de nuestro entorno personal, es esencial poner atención en la diferencia que se produce entre los momentos en los que, al hablar o decidir, protegemos la relación de la injerencia de contenidos automáticos concernientes a nuestra identificación con hechos, costumbres, aficiones, personas o grupos del pasado, y cuando permitimos que el mundo se interponga entre la otra persona y yo. La relación se convierte en sagrada cuando aprendemos a protegerla del mundo, cuando se queda al margen.

Es una paradoja que la experiencia de unicidad, de sentirnos unidos a todo y a todos, solo sea posible gracias a un esmerado y meticuloso desarrollo de las habilidades sociales necesarias para crear relaciones de intimidad donde el mundo solo pueda entrar con permiso y sin un tiempo mínimo garantizado.

Las relaciones sentimentales de pareja cuentan con esa ventaja al facilitar el encuentro íntimo entre dos personas y la predisposición de la sociedad para, al menos en teoría, respetar el espacio privado psíquico y convivencial de ambos miembros. Sin embargo, uno de sus riesgos es que, como resultado de la influencia cultural o de la ineficacia en el uso de los métodos anticonceptivos empleados, se unan nuevos miembros como fruto de su sexualidad marital.

Es posible que la mayoría de las parejas hayan tenido descendencia creyendo que su mutuo amor ha sido el factor ineludible de su predisposición a expandirlo a través de la crianza. Sin embargo, habrá sido el miedo a seguir profundizando en su proceso de intimar, respetando los ciclos sufistas explicados al principio, el que conseguirá en muchas de ellas que lo que fue un noviazgo prometedor parezca ahora una organización familiar de protección al menor (2).

La necesidad de intimidad es evidente. Uno de los ídolos desde hace milenios es la propiedad privada de una vivienda. Es una paradoja que, a través de esta necesidad y del aislamiento sensorial que conlleva permanecer en tu hogar sin que se sepa lo que haces dentro, encontremos un ambiente favorable al recogimiento introspectivo y un laboratorio de experimentación para el encuentro íntimo interpersonal. Es una paradoja porque el propósito, reconocido o no, es establecer vínculos que nos ayuden a sentir la conexión ontológica con todo el universo. Sin embargo, la privacidad también puede buscarse para huir del riesgo a que nuestro ego quede en evidencia ante los demás y pierda parte de su camuflaje y de la facilidad para seguir consiguiendo privilegios o castigos mediante la culpa. Mi estrategia con respecto a esto es tratar a todo el mundo como si fuera a convivir con ellos el resto de mi vida.

El párrafo de UCDM T-29-I-4 de la página 684 dice: “La brecha entre vosotros no es el espacio que hay entre vuestros cuerpos, pues ese espacio tan sólo da la impresión de dividir vuestras mentes separadas. La brecha entre vosotros es el símbolo de una promesa que os habéis hecho de encontraros cuando os parezca, y luego separaros hasta que los dos decidáis encontraros de nuevo. Y entonces vuestros cuerpos parecerán ponerse en contacto y concertar un lugar de encuentro donde reunirse. Pero siempre es posible que cada uno siga su camino. Supeditado al “derecho” de separaros, acordáis reuniros de vez en cuando y mantener vuestra distancia con intervalos de separación que os protejan del “sacrificio” del amor. El cuerpo os salva, pues os aleja del sacrificio total y os da tiempo para reconstruir una vez más vuestros yos separados, que creéis que realmente menguan cuando os reunís”.

No es casualidad que el comienzo de la Era de Acuario (3) se haya caracterizado, entre otras peculiaridades, por la creación de comunas hippies, comunidades espirituales (4) y ecoaldeas que trataban de impedir, con mayor o menor fortuna, que los egos se reconstruyeran en el aislamiento típico que el resto de la sociedad seguía practicando en sus viviendas unifamiliares. Tal y como expresa UCDM, el ego interpreta que el amor es un sacrificio y que el acto de permanecer demasiado tiempo compartiendo un mismo espacio con otros egos no es amoroso. Incluso cuando la convivencia vaya viento en popa buscará excusas para generar algún conflicto relacional y tratará de que se convierta en un obstáculo insalvable que no deje lugar a dudas de que la separación física de los cuerpos sea la única solución viable. El conflicto es natural, no hay ningún problema con él. Es la culpa por estar en conflicto lo que mata.

No concluyo con esto que convivir sea mejor o peor que no hacerlo. Tampoco que tener hijos sea mejor o peor que no tenerlos. UCDM no es un curso en cambio de comportamiento. Nuestro umbral de tolerancia a las diferencias en las costumbres y en los estilos de vida tiene habitualmente un tope bastante bajo y por eso nos relacionamos con personas afines. No digo que sea mejor resistirse al impulso de atracción hacia ellas, sino que el miedo a que nuestro ego se haga evidente puede ser la causa principal para mantenerse convenientemente alejado de “toda esa gente rara que amenaza la tranquilidad de nuestro hogar (5)”. Ese umbral tiene relación directa con nuestra identidad, con quiénes creemos ser. Por eso es tan saludable viajar y leer, ambas opciones nos dan la oportunidad de soltar todo aquello que, formando parte de nuestra auto-imagen, dificulta el sentimiento natural de atracción entre humanos.

Y una nueva paradoja se manifiesta en esta cuestión de ampliar el territorio en el que puedan moverse libremente los personajes internos que conforman la personalidad de un individuo. El hecho de aumentar el umbral de tolerancia a las diferencias de comportamiento que percibimos con los demás no hace que perdamos el carácter, sino que es el requisito para que nuestra forma única de expresar a Dios se defina y se consolide. Adaptarse a las circunstancias con resiliencia no supone una traición a nuestra autenticidad puesto que ya estamos en una fase del desarrollo que ha trascendido al ego. La motivación subyacente no es imitar para conseguir ser admitido por quien sea y adquirir el rango de miembro de pleno derecho en su grupo, sino compartir con los demás el sentimiento de pertenecer a Dios, de ofrecer sin condiciones el rango de Hijo de Dios a quienes prefieren limitarse a ser parte de cualquier secta.

El ser humano vive en la superficie de su planeta y recibe tanto las influencias telúricas del subsuelo como las ondas electromagnéticas de los astros. Su estructura interna de materia sutil está conectada con ambas polaridades. Los chakras inferiores lo están con la tierra, con los instintos animales, la memoria ancestral, las emociones básicas y los dualismos de todo tipo. Los superiores con el cielo, con los valores propiamente humanos, la proyección idealista de futuro, los vínculos afectivos y la visión paradójica espiritual. Ambos mundos se relacionan permanentemente a través del chakra del corazón, que simboliza el nivel a ras de tierra. El corazón genera sentimientos como fruto del encuentro de ambos mundos, es su función mediadora la que le confiere un carácter especial. Aprender a gestionar las emociones es la única forma válida de reconocerle su inestimable contribución a la paz interna y a la paz en el mundo.

Ahora, siente tu corazón, míralo con ojos nuevos, aprecia todo el potencial que se empeña en desplegar en cada instante de tu vida mientras tú te ocupas de seguir percibiendo obstáculos que refuerzan la creencia en la separación entre ambos mundos. Es un servidor fiel que nunca flaquea en continuar con su labor reconciliadora y que siempre está dispuesto a ser, una vez más, el hogar para que el milagro de la transmutación opere beneficiosamente en tu existencia. Es como poseer un coche de carreras y usarlo solo para ir, campo a través, a comprar el pan al pueblo más cercano. Es idealizado y a la vez menospreciado. El yoga del corazón no pone su enfoque en las posturas físicas, es la puerta que conduce a la felicidad espiritual. La llave para abrirla es la gestión emocional transpersonal. Ya no necesitas buscar la aguja de la práctica espiritual correcta en la paja de la Nueva Era, te la estamos ofreciendo aquí. ¡Úsala!

Notas del autor:

(1) “(emocional)” no es parte del libro sino un añadido del autor de este artículo de opinión.

(2) El film “Parenthood” de 1989 es una muestra entrañable y de gran calidad técnica en incentivar el muy habitual comportamiento de convertirse en madre o padre de uno o varios hijos. Magníficamente dirigida y con un elenco de famosos profesionales de la interpretación, expresa con humor las contradicciones propias de la vida familiar.

(3) Ver mi artículo Un Curso Acuariano de Milagros.

(4) Sin ir más lejos, este año 2018 comienza una convivencia de 7 estudiantes de UCDM cerca de la ciudad de Granada (España).

(5) “Nuestro hogar” puede ampliarse a nuestro país, raza, religión, nivel de poder adquisitivo, cultural, etc.

 

 

 

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