Un Curso Detox de Milagros

Detox significa dieta desintoxicante. Habitualmente se usa para referirse a las dietas alimenticias que favorecen la eliminación de toxinas bioquímicas que se han acumulado en exceso en el nivel físico del organismo. Esto es debido a un estilo de vida y un metabolismo que no evitan este resultado anómalo en su homeostasis y acarrean un desequilibrio que estresa, limita y pone en riesgo de crisis su funcionamiento general. Un Curso de Milagros (UCDM) nos enseña cómo hacer la détox en los niveles mental y emocional. Al igual que ocurre en el nivel físico, nuestro cuerpo emocional también ha sabido protegerse de los traumas del pasado encapsulando su contenido de materia astral para evitar que contamine a la personalidad consciente. Por este motivo, se guarda en lo más profundo de la psique a la espera de ser rescatado por una détox capaz de hacerlo emerger sin daños colaterales y, por fin, transmutarlo.

La protección que la naturaleza humana ha desarrollado a lo largo de miles de años de evolución incluye una gestión especial de estos contenidos por parte de la memoria cerebral. El hecho de que no recordemos este tipo de percepciones no significa necesariamente que no existan. Hechos como la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, un accidente grave, un despido profesional improcedente o el fracaso aparente de cualquier proyecto que significara una fuente permanente y duradera de seguridad física, emocional, afectiva o social representan un motivo importante de crisis existencial y habitualmente no son gestionados con la inteligencia suficiente como para superar el proceso de duelo sin que una parte de su impacto anímico quede pendiente. Esta parte se convierte en una toxina. Su contenido es protegido mediante inconscientes mecanismos de defensa para beneficiar al conjunto de la personalidad.

El significado que les hemos atribuido a esos hechos que resultaron traumáticos es un efecto del sistema de creencias con el que se evaluaron durante el suceso en sí y se revivieron después. Mientras ese sistema no cambia la cápsula que contiene al trauma permanece latente y, con el paso del tiempo, influye subrepticiamente y acaba dominando de forma encubierta al comportamiento externo, sobre todo en las situaciones que se asemejan circunstancialmente a los hechos de origen.

 

El organismo humano está preparado para conseguir hacer aflorar las toxinas emocionales en el consciente a través de los cauces propios de su sistema circulatorio y que sean perdonadas en el presente tal como explica UCDM. Para ello es necesario tener en cuenta varios factores. Algunos de ellos deben ser rediseñados para que el proceso natural de sanación pueda actualizarse y el estado vital gane en esperanza y entusiasmo.

Por una parte, el sistema de creencias tiende a reafirmarse mediante las percepciones internas y externas que, de no haber cambios positivos, dificulta la reinterpretación de los hechos originales. Por otra, la falsa creencia de que podemos desembarazarnos de las emociones negativas mediante la proyección o la represión impide que el mensaje de auxilio proveniente de la cápsula del trauma y la energía bloqueada que contiene puedan llegar a buen puerto salvando todas las aduanas que los mecanismos de defensa mantienen en las fronteras del inconsciente profundo.

Además, la creencia ciega en la culpa es la droga más dura que existe, generando el típico síndrome de abstinencia cuando no se la provee de las dosis en aumento que demanda el propio hábito de consumirla. Gestionar las emociones negativas correctamente aboca al dolor y las convulsiones propias de desengancharse de ella.

La misa católica es un ritual en el que, bajo su apariencia solemne y la presunción de representar el lugar y el momento más sagrados para la reunión de los practicantes cristianos en torno a su ministro de Dios, se oculta la distribución en masa de la dosis semanal de culpa por parte del camello oficialmente designado por la autoridad competente. A cambio, los feligreses pagan con la sumisión debida a la institución eclesiástica y confirman el acuerdo mediante los sacramentos de la confesión y la comunión. Quienes creen haber conseguido al final del acto una limpieza de su alma se engañan y se consuelan al esforzarse durante el resto de la semana en practicar lo que UCDM llama el falso perdón. Los errores cometidos en lo que se supone que es hacer el bien a los demás se declaran al mago, que los convierte en penitencias y así el círculo vicioso de la culpa especialmente diseñado por las religiones es adorado en secreto.

Al igual que ocurre con las sustancias bioquímicas usadas como drogas, la culpa produce un cierto bienestar momentáneo pero a costa de aumentar el nivel de adicción. El círculo vicioso de la culpa es bien conocido. Su mecanismo hace inviable una détox psíquica. El viaje heroico que necesita realizar la cápsula traumática hasta ser transmutada en el crisol alquímico del corazón por la luz espiritual y transformarse en una sustancia beneficiosa para la salud requiere de un valor inmenso y de una constancia a prueba de bombas. Lo primero es tomar como base teórica la gestión emocional transpersonal, se necesita cierta habilidad en el manejo de sus códigos. Con la práctica se desarrollan una inteligencia y una intuición que no se dejan engañar tan fácilmente por las apariencias con las que el ego se defiende. Lo que parecía un caos podría ser ahora la salvación y viceversa. La visión perspicaz llegará. 

Hay una idea que debe mantenerse fija en la mente: el mundo es solo un espejo de mi interior. Atacar al espejo va en contra de la herramienta que con absoluta fidelidad me está mostrando al personaje interior que predomina en ese momento o el contenido de la cápsula que espera ser liberada. Atacar al personaje no me salva de los efectos de sus decisiones y, por el contrario, devuelve el trauma a la prisión de donde intentaba escapar. Todo este tejemaneje relacionado con el aprendizaje correcto de las leyes de la mente es imprescindible para llegar a ser conscientes de que, en el fondo, quienes somos realmente no nos preocupamos por lo sucedido en las vidas de nuestras identidades aparentes. Sin embargo, hacemos todo lo posible para que la paz de quien sabe que no necesita hacer nada esté disponible para ser experimentada en cualquier momento por todas ellas. Eso es compasión.

La détox, una vez comenzada, provee de las pruebas que demuestran su validez. Aún así, las trampas son innumerables y en cualquier momento se puede producir una reacción en cadena que convierta esta técnica en el peor enemigo de quien se ha visto superado por las fuertes resistencias que se ponen en juego cuando la identidad de siente amenazada. A veces es conveniente esperar antes de continuar. Existe tanta confusión en la mente que el proceso de reordenar su contenido llega al punto de convertirse en una inversión total de sus principios. Son tantos los factores a tener en cuenta para tomar en cada instante las decisiones concernientes a todo lo que conlleva mantenerse vivo y satisfacer las necesidades cotidianas que se hace imprescindible una dosis gigante de autoconfianza, que es el antídoto perfecto para las toxinas mentales. Es ilimitada, gratuita y accesible todo el tiempo. ¡¿Quién dijo crisis?!

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